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El compromiso: un requisito ineludible para el éxito.

El compromiso se define como un fuerte sentido de intención y enfoque, acompañado de una declaración de propósitos y/o un plan de acción. Estar comprometido significa tener la devoción sincera hacia la consecución del fin, ocupándose de todo el proceso necesario para alcanzar esos objetivos. Es importante no confundirlo con una promesa, que muchas veces hacemos por impulso de la motivación o bajo el efecto de una emoción, sin hacer lo necesario para cumplirla o rebajando el esfuerzo a la primera dificultad.


Motivación y compromiso


El compromiso significa la dedicación a un objetivo. No se trata de sentimientos, sino de acción. Ahí radica la gran diferencia entre ambos conceptos. Uno tiene que ver con lo que se siente, el otro con lo que se hace. Sin embargo, las emociones son un detonante importante que hay que tener en cuenta constantemente porque nadie quiere estudiar todos los días, a veces es difícil, volvemos del trabajo cansados y preferimos irnos a la cama o pasar tiempo en las redes sociales que no requieren ningún esfuerzo especial. Empezamos el proyecto con una alta motivación porque nos centramos en la belleza del resultado, en las emociones positivas que genera el éxito y en la vida que podemos tener una vez conseguido, pero aún no nos hemos enfrentado al intenso esfuerzo que realmente requiere este proyecto. El compromiso no es simplemente querer, es vivir. Vivir cada día para el objetivo, implementando hábitos que nos permitan acercarnos cada día al resultado que anhelamos.

En analogía con una relación romántica, la mayoría de las personas se comprometen con nociones abstractas como la felicidad (seremos felices), el amor (prometo amarte siempre), la fidelidad (nunca te traicionaré). Creen firmemente en lo que dicen cuando inician la relación o firman el acta de matrimonio, y con la fuerza de la chispa inicial (una alta motivación unida a fuertes emociones), todo es muy bonito y parece perfecto. Con los primeros momentos difíciles, todo cambia, porque basaron la relación en un ideal a mantener, se enamoraron de ese ideal y no del proceso. Lo mismo ocurre con los estudiantes que firman un contrato con una escuela creyendo firmemente en su proyecto, con un deseo real de triunfar que les produce una intensa pero fugaz sensación de motivación, fuerte en ese momento pero en realidad sin ningún compromiso real, y una vaga idea de lo que significa para ellos el éxito y la felicidad una vez cumplido su sueño. Creen que este deseo de triunfar será suficiente. La analogía con una relación amorosa es interesante porque lo que está en juego no es en absoluto la sinceridad de cada persona sino la aplicación continua del compromiso más allá de las palabras o de una imagen que nos hacemos de nuestro ideal. Veamos por qué es importante entenderlo bien y no confundirlo con una simple promesa hecha a una persona o a uno mismo.


Con el paso del tiempo, la persona se da cuenta de lo que significa más allá de las palabras, y ante un esfuerzo del que no sospechaba su existencia, llevada al principio por las alas de la esperanza y un fuerte sentimiento de motivación, comienza a justificar su pérdida de eficacia o de dedicación, disciplina y regularidad, con excusas externas, muchas veces ajenas a su voluntad (actitud de víctima vs. responsabilidad incondicional).


No esperes a que las condiciones sean perfectas para empezar, el empezar hace las condiciones perfectas.


- Allan Cohen


La principal razón del fracaso y de todo el sufrimiento que conlleva es el error de enfoque. Tendemos a centrar toda nuestra atención en un ideal que esperamos alcanzar y tenemos la molesta tendencia de esperar a que se den las condiciones perfectas para empezar a avanzar, sin darnos cuenta de que esta actitud nos inmoviliza por completo y nos lleva al fracaso por defecto. La felicidad que conlleva el éxito es un valor, y un valor no debe ser una meta a alcanzar sino una brújula que guíe nuestros hábitos hasta alcanzarla. Es fundamental pensar desde el principio que todo camino, sea cual sea, viene con obstáculos y que parte del proceso siempre tendrá una gran parte de incertidumbre que no podremos prever, y aceptarlo como un reto que nos impulsa a avanzar y no como un freno. A menudo oigo a clientes decir que no tienen tiempo para estudiar, pero después de indagar me doy cuenta de que en realidad se han pasado la semana esperando la oportunidad de un bloque completo de una o dos horas para trabajar, sin distracciones, en lugar de dividir su esfuerzo en varias sesiones de, por ejemplo, 25 minutos o menos. Al final no han encontrado esa condición que consideran ideal. Por querer evitar los obstáculos, uno se bloquea y el peligro en un proceso de aprendizaje, sobre todo al principio, es que perder la regularidad o dejar tiempo sin estudiar o practicar, no sólo impide avanzar sino que puede llevar a una pérdida de conocimientos, ya que éstos necesitan asociarse a la nueva información para consolidarse. La clave, en mi opinión, es aprender a enamorarse del proceso y no de un resultado incierto, creando hábitos de vida positivos y alineados con nuestros valores, hacia la meta ideal.


Según PsychologyToday, "Un "resultado" no es más que una instantánea de la vida. En un instante, tomamos esa instantánea y la llamamos resultado. En realidad, es sólo un momento extraído del flujo de nuestra experiencia vital. Podemos elegir mirar el comportamiento o la decisión singular a la que nos referimos como resultado, o podemos mirar el proceso de la vida y si nos involucramos completamente en ese proceso. Lo que tenemos que mirar es el flujo de la experiencia y la calidad de cómo estamos eligiendo vivir. El resultado es simplemente el subproducto de ese flujo del proceso. Si aprendemos a comprometernos plenamente con el proceso, los resultados serán los que deben ser. Pero, si simplemente nos comprometemos con el resultado e ignoramos el proceso, habremos saboteado ambos".


¿Por qué es importante escribir nuestros objetivos?

Según la revista Forbes, las personas que describen o imaginan sus objetivos de forma muy vívida tienen entre 1,2 y 1,4 veces más probabilidades de alcanzarlos que las que no lo hacen. Es una diferencia bastante grande en la consecución de objetivos sólo por el hecho de escribirlos en un papel.


La anotación se produce en dos niveles: el almacenamiento externo y la codificación. La información del objetivo se almacena en un lugar (por ejemplo, un papel) al que es muy fácil acceder y revisar en cualquier momento. La codificación es el proceso biológico por el que las cosas que percibimos viajan al hipocampo de nuestro cerebro, donde se analizan. A partir de ahí, se toman decisiones sobre lo que se almacena en nuestra memoria a largo plazo y, a su vez, lo que se descarta. La escritura potencia ese proceso de codificación. En otras palabras, cuando uno escribe tiene muchas más probabilidades de ser recordado.


Los neuropsicólogos afirman que recordamos mejor la información que hemos generado nosotros mismos que la que simplemente hemos leído. Al escribir un objetivo, nos beneficiamos del efecto de generación cuando creamos una imagen en nuestra mente de un objetivo que queremos alcanzar, y de nuevo cuando lo escribimos mientras reprocesamos esa imagen. El procesamiento cognitivo aquí es doble, y hasta ahora todos los experimentos han demostrado que algo que escribimos se recuerda mucho mejor. Es decir, damos fuerza a nuestro compromiso, y así consolidamos la motivación hábito tras hábito. Además, si visualizamos las emociones que sentiremos al alcanzar nuestro objetivo, multiplicamos la fuerza del compromiso al tener claro lo que nos aportará la inversión de tiempo y esfuerzo, asegurándonos que merece la pena seguir avanzando.


Compromiso y responsabilidad


Nadie más que nosotros mismos tiene autoridad para obligarnos a cumplir un compromiso. Los verdaderos compromisos no pueden ser asignados o prescritos por otro, sino que deben surgir de lo más profundo de nuestro propio corazón.


Cualquier relación con la que nos comprometamos, ya sea con un objetivo de aprendizaje concreto o con un proyecto emocional con otra persona, siempre irá acompañada de momentos difíciles, de sufrimiento y de dudas. Estar comprometido no es la solución a todo y no evitará que surjan estas experiencias, pero mantiene constantemente nuestra intención en el fondo de nuestra mente, más importante que la angustia temporal que podamos experimentar a veces. Sirve para recordarnos que estos baches en el camino son oportunidades para desarrollar prácticas que fortalecerán las cualidades que nos ayudarán a convertirnos en seres humanos más completos y amorosos.


A lo largo del camino, las dudas y las dificultades pueden hacernos cuestionar si realmente vale la pena perseverar. Comprometerse no significa olvidar todo lo demás y poner esta nueva meta por delante de todo lo demás, pero sí significa comprometerse con los principios del contrato, sea cual sea la forma de relación con el compromiso. Cuando tenemos muy claro el objetivo que esperamos alcanzar, crece en nosotros la motivación y la confianza para realizar el trabajo necesario para cumplir nuestro compromiso y, en consecuencia, aumenta proporcionalmente nuestra capacidad y eficacia para afrontar esos retos.


El verdadero poder del compromiso proviene de nuestra voluntad de asumir la responsabilidad de elegir continua y repetidamente el cumplimiento. En este proceso, alineamos y movilizamos nuestra energía, o nuestras energías juntas si el compromiso implica a una o más personas. Un compromiso requiere valor, responsabilidad incondicional, disciplina e integridad. Muy pocos de nosotros empezamos el proceso completamente desarrollados en estas áreas. Pero con una visión clara y apoyo cuando lo necesitamos, ¡las posibilidades son ilimitadas!


En Ab Coaching, el compromiso es el valor más importante que tenemos y aplicamos en nuestras vidas como individuos, y aunque no podemos obligar a los demás a tenerlo, hacemos todo lo posible por inspirarlo mediante el ejemplo y el apoyo continuo.

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